Recuerdo y no recuerdo XCVIX

Ella
El no pronunciar mi nombre es un acto de olvido injustificable.
Cómo vas amar, si no sabes a quién amas, y de todos los caminos el que ofreces para mí es el más ingenuo, y a su vez el más intolerable.
A pesar de las heridas no siento odio por ti, solo el dolor sabe cuánto sufro, al desplegar las frases del adiós.
Mis ojos amanecen húmedos, y los techos de las casas vecinas también.
Es un epilogo apresurado, de este libro escrito a dos manos, y que nos perdonen los que se ilusionaron con nosotros.
Una copa de vino se ve vacía a simple vista, pero siempre tiene una en sus entrañas que no se va,
el amor es semejante, siempre queda algo de ese amor que vas a dejar, pero no es suficiente para retener a nadie.
Si tan valiente te sientes, no me busques, ni envíes emisarios, ni golondrinas, ni azucares, no me propongas un trato, un tiempo o algo parecido.
El que sufre es él que se va, y él que se queda, queda herido, la diferencia está que él sufriente se queda con la culpa y el herido con la herida.
Me besaste con premeditación y alevosía, pensando que el lecho de amor todo lo permitía, pero no pensaste que el olvido es el mayor enemigo de los seres humanos, y con su espada separó nuestros cuerpos.
Si te crees muy valiente, déjame partir sin reparos, no me mandes a arrestar por convicción o por impunidad.
Continuará…
Jorge J. Flores Durán




Comentarios

  1. Anónimo6:44 p. m.

    Sigue tu ajedrez sutil y luminoso con pseudópodo numinoso
    Por ahí está claro que hay una copa de vino trascendental
    Abrazos
    luchow

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  2. Anónimo2:27 p. m.

    Que bien, buena prosa . Gracias por publicar

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Gracias por escribirme. Te responderé a la brevedad. Jorge J. Flores Durán

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