Recuerdo y no recuerdo LXXVII

Ella
Debes aprender de ti mismo, no es una invitación al pasado, si no escuchas ruegos o consejos ¿Quién te hará entrar en razón?
Si el amor no lo puede todo, tampoco las palabras lo podrán, por más extenso sea el universo, un día alguien conocerá su límite.
Yo te conozco, pensé conocerte, predecirte, y de un momento a otro un puente se cortó,
desde una orilla hemos estado comunicándonos, con más señas que con certidumbres, con más comprensión que soluciones.
Siento en mi alma y con un gran dolor, que me acerco al límite,
nunca pensé que llegaríamos a esto.
Deseo pedirte que me ayudes a dejarte, y cada vez que me aleje, vayas cerrando las puertas y no permitas mi regreso,
ayuda a mi corazón a detener el sangramiento, ayúdame a no odiarte,
dame la libertad sin remordimiento,
y no te tientes a herirme con las exigencias de lo dicho y prometido,
regálame tu silencio, el regalo de la despedida, aunque por ello obtenga tu desprecio.
Continuará…
Jorge J. Flores Durán

Comentarios

  1. Anónimo11:26 a. m.

    Mágico encuentro de la poesía y el conocimiento del ser humano indeciso entre la psicología , la antropología filosófica y el sano sentido común.
    Abrazos, querido Jorge
    Te participo de esta pequeña iniciativa poética , instalada con desenfado en el quehacer comunitario
    Abrazos
    luis

    ResponderEliminar
  2. Anónimo11:16 p. m.

    intenso.... gracias!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Gracias por escribirme. Te responderé a la brevedad. Jorge J. Flores Durán

Entradas más populares de este blog

Toni Morrison

Aleucse, o escuela al revés

Charles Baudelaire … la carta suicida