Recuerdo y no recuerdo XXXII


El
Una disonancia cubre las palabras impidiéndoles surgir. Es una explicación.
Debo suponer que alguien la pregona en los rincones de la consternación, predecible y onerosa,
luego entregará la calma, ocultando el detonante a tan inmerecido padecimiento. El miedo.
¿Pero quién no ha tenido miedo, alguna vez?. Ellos no tienen mis lamentos, los lamentos, esos lamentos,
son pocos los que se resignan a perder un amor con extrema levedad
amen de una violencia inconmensurable si se compara con una despedida consensuada.
No sé hablar así, no sé escuchar así, como lo hacen los demás. Es una diferencia pequeña ahora,
mañana será mayor y pasado mañana inmensa, inmensa, e inalcanzable.
Nada hará cambiar mis sentimientos, mis fuerzas, para acercarte a pesar de la congoja reflejada,
¡Yo no separé el alma del cuerpo!. Es el cuerpo que se aparta de mí y a veces también el alma, el alma, el alma.
Continuará…
Jorge J. Flores Durán

Comentarios

  1. Anónimo8:30 p. m.

    Buenísimo!

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  2. Anónimo11:20 a. m.

    Una manera cotidiana y hasta platicada para llegar a grandes extremos. Saludos.

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  3. Anónimo11:22 a. m.

    ¡Yo no separé el alma del cuerpo!.....Hermosas letras Jorge J. Flores Durán...Un placer leerte!

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  4. Anónimo11:23 a. m.

    Genial amigo ; es tu obra hermosa y bella!!
    Felicitaciones!!

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  5. Anónimo11:24 a. m.

    ernosas letras !!! poeta

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  6. Anónimo12:08 p. m.

    Hola Jorge
    Hermosísimo! Es el miedo que le acosa a su ser y le impide entregar sus sentimientos a ese amor esperado, el miedo a ver la realidad es normal, hay que darle tiempo porque sus sentimientos no cambiaran y en algún momento posiblemente el miedo se ira aminorando y verá la verdadera realidad, Naturalmente ojalá que no sea tarde para tomar su decisión y ese amor lo espere.
    cariñosos saludos

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Gracias por escribirme. Te responderé a la brevedad. Jorge J. Flores Durán

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