Recuerdo y no recuerdo XXVIII



El
Cuántos hombres egregios que diseminaron el saber sin pedir oro o plata
hoy se encuentran sentados frente a un televisor y con la mirada soñolienta
en los muslos una cobija para evitar el frió saliente de cuartos sombríos y paredes de cal.
¡Sí nada cambia! Pronto me uniré a estos hombres que entristecen mi corazón,
pido un beso para convirtiéndolo en antídoto de un mal no buscado pero si recibido,
si es egoísmo ¡Que lo sea! En mis manos van quedando pocas cartas de un imberbe juego,
los hombres besan para sellar sentimientos otros para recordarlos y los que no lo hacen
no sabrán la esencia de compartir, acompañar, de sonreír.
Yo pensé que todo lo podía hacer, debo reconocer con lágrimas:
que necesito ayuda para llegar a ti, necesito ayuda, necesito ayuda para llegar a ti.
Continuará
Jorge J. Flores Durán.





Comentarios

  1. Anónimo2:08 p. m.

    Hola Jorge
    Bellísimo al mismo tiempo triste! ¿porque los hombres se adaptan a su flojera, no ponen de su parte y quedan tan tranquilos en su mundo soñando amores?, siquiera se movieran buscando una salida pero no piensan más allá solo dentro de su egoísmo y su orgullo , esperando que el amor llegue a ellos.
    cariñosos saludos

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  2. Anónimo10:32 p. m.

    Triste pero cierto

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  3. Anónimo10:20 a. m.

    Te felicito, JOrge, hermoso poema.

    ResponderEliminar

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Gracias por escribirme. Te responderé a la brevedad. Jorge J. Flores Durán

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