Lágrima


Lágrimas sobre los hombros no son nuestras
serán de quién ha llorado sin darnos cuenta
advertimos tan imperdonable descuido
al término del interminable abrazo.

El llanto y la pena son transparentes
hasta intuir nuestro aporte a su presentación
por la indolencia del trámite cordial del saludo
y la laxitud del enmendado tardío de la excusa.

Aparecen al sentirlas en cada hoja de un libro
al leer y descubrir el sufrimiento del otro
a reglón seguido se aloja nuestra propia pena
despertándonos la costumbre humana del llanto.

No existe remedio al equivoco
en una distancia menor de un dedo anular,
podemos reconocer nuestra pobreza del corazón
por no entregar consuelo cuando era insoslayable.

Al final somos seres impíos en la mañana
y de la generosidad más extensa por la tarde.
Le ruego que me condene al placebo del amor
a cambio del indulto no merecido.

De mi sabrá cuando las lágrimas se depositen en sus hombros
entenderé la réplica de los gestos y los desaires contenidos
y me hará entender lo frío que son los muros de una casa.
Sepa usted que ya es difícil amar cómo lo será perdonar.

Jorge J. Flores Durán 

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