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Mostrando las entradas de junio 12, 2014

A la hora de onces

A la hora de onces.
El  mar en la espalda como una capa que cuelga desde un sombrero. Sus manos suben  al pelo para acomodarlo con la ayuda del viento, luego las seca  en su delantal amarillo como el color de los vellos del maíz. Ella no sabe que el mar silenciosamente ha crecido como el humo de una chimenea, sin embargo sigue indiferente recogiendo las rosas de su jardín, como lo haría una niña en una tarde infantil. Donde ella vive, las casas son como las olas del mar, suben y bajan como cuando alguien desciende de un tobogán. Siempre la veía entrar y salir a su casa tranquila y feliz. Un día no vio el mar que abrió su enorme boca y el silencio se dejó sentir. Cada año salen flores desde su pensíl. Siguen ahí sin público, sin aplausos, sin barniz. Todos la recuerdan ahora, al ver su casa vacía o al sentir al mar rugir, siempre a la misma hora cuando dejó de sonreír.
Jorge J. Flores Durán