Ejercicio literario II


Memoria y escritura.

Luego de leer el texto propuesto, podría indicar el punto de quiebre en la historia relatada.
Escriba de manera libre.
Jorge J. Flores Durán.

Extractos del libro RU* de la escritora vietnamita canadiense KIM THÛY
 
Traducción del francés y adaptación literaria de Jorge J. Flores Durán

 (Texto trabajado, en el Taller de creación literaria del poeta Jorge J. Flores Durán)
Yo llegue a este mundo durante la ofensiva militar del Tèt, en los primeros días del nuevo año del Mono, cuando los petardos se acoplaban como cadenas frente de mi casa, estallaban como una sinfonía como metralletas musicales.
Yo he nacido en las sombras adornadas de fuegos de artificios decoradas como guirnaldas luminosas que atravesaban como un roquet o balas. Mi nacimiento ha tenido por misión de remplazar las vidas perdidas, mi vida tiene el deber de continuar la vida de mi madre.
 
 
….
Yo me llamo Negunyèn An Tênh y mi madre se llama Nguyên An Tinh. Mi nombre es una simple variación del suyo, mi apellido se diferencia y de distingue sobre un solo signo que és la letra “I”.  Yo soy una extensión de ella en el mismo sentido del apellido. En Vietnam el apellido de  ella quiere decir “Alrededor posible” y el mío “Interior posible” por estos apellidos que no cambian mi madre aseguró su continuidad en mi persona y por tanto yo seguiría su historia.
La historia de Vietnam  esa historia impresionante, la que desbarato los planes de mi madre, ella boto los acentos de nuestros nombre al mar, cuando atravesábamos el Golfo de del Siam, ella tenía 30 años. Ella también desnudo nuestros nombres de su sentido, reduciéndolos y transformándolos  los sonidos a otros, extranjeros y extraños, de una impaciente lengua francesa. Sin desearlo lo que cayó al mar en esa noche rompe  mi rol de prolongar naturalmente a mi madre, cuando yo tenía diez años edad.
 
 
…..
Gracias al exilio mis hijos jamás van a prolongarme en sus vidas, ni mi historia, ellos se llaman Pascal y Henri y no se parecen en nada a mí, tiene el pelo claro y la piel blanca, las pestañas tupidas. No experimenté el sentimiento natural de la maternidad que toda madre tiene en el momento de dar a luz, a penas de haber los recibido a las tres de la mañana cuando fueron puestos en mis pechos, a la media de la noche. Sin embargo el instinto maternal llegó mucho más tarde, en   las noches de insomnio, cuando vi los pañales manchado, y sentí las sonrisas generosas y espontaneas. Solamente en aquel momento entendí el amor de mi madre, cuando ella estaba sentada frente a  mí en el vientre del barco, teniendo en sus brazos un bebé cuya cabeza fue cubierta de cortezas fétida y con sarna. Tuve ante en mis ojos esta imagen durante días y posiblemente también muchas noches. Una pequeña ampolleta suspendida  desde un hilo,  y este clavo musgoso, difundía una luz débil,  y siempre con la misma intensidad. En el fondo de este barco, el día no se distinguía de la noche. La luz de la ampolleta  nos protegía de la inmensidad del mar y del cielo que nos rodeaban. Las personas sentadas ordenadamente, nos hacia imaginar  que no había más línea de demarcación entre el azul del cielo y el azul del mar. Pues no sabíamos si nos dirigíamos hacia el cielo o nos hundíamos en las profundidades del agua. El paraíso y el infierno se habían enlazado en lo más profundo del vientre de nuestro barco. El paraíso prometía otra oportunidad a nuestra vida, un nuevo futuro, una nueva historia. El infierno, muestra nuestros miedos: miedo a los piratas, miedo de morir de hambre, miedo de intoxicarse con los Panes toast untados en aceite de moto, miedo a la falta de agua, miedo de no poder recuperarse, miedo de deber la orina en esa vasija roja que pasaban de una mano a la otra, un miedo que esta cabeza fuera contagiosa por un niño sarnoso, miedo no pisar nunca más tierra firme, el miedo de no ver más el rostro de tus familiares que están sentados en alguna parte del mismo barco penumbroso,  miedo a desaparecer entre las doscientas personas que viajaban junto a nosotras en el estómago de un anciano barco.
 
*(Mecer)
-- 
Jorge J. Flores Durán

Comentarios

  1. Anónimo11:02 a. m.

    Hola Jorge
    A mi parecer el punto de quiebre sería el miedo, el terror a seguir el camino al exilio no deseado, es un dolor muy grande que se lleva siempre, dejando a familiares atrás, solamente los recuerdos se llevan consigo para poder seguir viviendo.
    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Anónimo8:36 p. m.

    Hola Jorge
    El texto sobre el libro Ru de la escritora Kim Thuy, presenta un sufrimiento llevado toda una vida, dentro de su patria y fuera de ella, en el exilio.

    Bastante poética y hermosísima narración, mezclando toda una vida dentro del pasado y el presente, donde los recuerdos llenos de nostalgia del ayer y del ahora que es otro mundo tan distinto.

    Una historia más que nada de recuerdos, narrados con tanta sencibilidad, llena de sentimientos, pureza y tan delicada.

    Es como un rompecabezas que va lentamente tomando su forma, desde su pasado llegando al presente, sufrimiento y adaptación a la nueva vida.

    Una narración escrita con una melodía poética que llega hasta lo más hondo del corazón de cada lector, con tanta vivencia, tan real su historia. La historia de muchos que han tomado parte en una vida de lágrimas y sufrimientos.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo8:49 p. m.

      Está bien tu relato, para mi la rotura la da justamente la decisión de no seguir sufriendo, ya habrás escuchado "que uno no busca el dolor pero si sufrir" si bien no comparto esa afirmación pero sirve en este caso, la ruptura de la historia es cuando, ella deja a sus hijo libres de un pasado que viene de generación en generación.
      Saludos Jorge

      Eliminar
  3. Anónimo8:50 p. m.

    La decisión, la voluntad, la ibertad de madre e hija -y de tantos otros-, a pesar del miedo.

    El frances dijo: el hombre está condenado a ser libre. Reconfigurando, se puede decir más bien, el hombre esta convocado, llamado a ser libre.

    ¡No siempre escuchamos la llamada!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, es la libertad la que rompe. En relación a " el hombre está condenado a ser libre" la palabra condenado en francés no siempre significa "condena" otras veces es un cierre, una no vuelta atrás, es en ese sentido que ella rompe
      Un abrazo Jorge

      Eliminar
  4. Anónimo9:47 p. m.

    El punto de quiebre sería cuando ella fue madre, creo que allí ella puedo entender la actitud de su madre.
    Saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Gracias por escribirme. Te responderé a la brevedad. Jorge J. Flores Durán

Entradas más populares de este blog

Toni Morrison

Aleucse, o escuela al revés

Charles Baudelaire … la carta suicida