Violeta




La Violeta Negra


La lengua húmeda y caliente busca entrar en una boca llena de rouge, esta se cierra y se abre, como negándose ser penetrada, en el fondo lo único que desea es ser visitada por su contrincante. Luego de jugar prolongadamente a negarse, se juntan, se abrazan, se unen…en un beso sabroso, excitante. Los cuerpos luego de hervir se desplomaron en unas sábanas oscuras por culpa del polvillo del carbón, están húmedas las sabanas, en la madrugada en Lota; están húmedas por el sudor de los cuerpos  —nunca había estado tan caliente— confeso Violeta —Nunca había gozado tanto— insistió Violeta llevando sus manos debajo de su cintura, tomo a su pareja por detrás, quería impedir su fuga de la pieza, —No insistas Violeta debo irme— Violeta no escuchó y besó la espalda de su amante, sus manos acariciaron todo su cuerpo desnudo, —Déjame de una vez, debo irme. Te estas comportando como un hombre— Violeta sonrío y acerco su boca a los labios esquivos — ¿Te gusto, verdad? ¿Te gusto lo de anoche?— no hay palabras para un dialogo, solo gemidos, luego siguieron los innumerables besos de despedida. Violeta no sabía lo que tenía, hervía por dentro y por fuera, su amamante le rogó —Déjame ir, y volveré, esta noche—  la oferta no logro convencer a Violeta —Tú te vas cuando yo lo diga — Violeta empuja a su amante hacia la pared le toma las manos, los ojos se encuentran, Violeta beso la boca, beso el cuello, bajo lentamente hasta que llego a los senos de su amiga, hermosos, erectos, solo sonríen cuando la lengua de Violeta los toca. —¡Ahora te puedes ir!— María como pudo se vistió, busco los calzones en la cama, los sostenes en el sillón, se arregló el pelo se puso mucho rouge, —Nos vemos a la noche mi hombrecito— Violeta le tira un cojín, este no alcanza a María, la puerta se ha cerrado. Desde la ventana Violeta observa como María se aleja del barrio confundiéndose con cientos de mujeres, que van a buscar a sus esposos a la salida del pique, de la mina.
Violeta es muy conocida en el pueblo, hija mayor de un antiguo minero, que no escapo a la enfermedad de los mineros, la silicosis. Mucho tiempo antes de morir Violeta debió remplazar a su padre en la mina, como era mujer debió esconderse en las ropas de su padre, fue así como conoce el mundo masculino, al principio los mineros se midieron en sus palabras, pero luego la integraron como un hombre más, se fueron olvidando del sexo de Violeta, pasó a ser uno mas de ellos. Los hombres hablan de las hembras, del culo de ellas, del tamaño de la vagina del grueso de los labios inferiores “esa mina tiene mas carne que un caballo” solía escuchar Violeta, en el ascensor de la mina  están pegadas fotos de mujeres desnudas muchas de ellas tiene dibujados penes en la boca y mas abajo también. Violeta tenía 18 años y su sexualidad empieza con una inducción al gusto de fornicar mujeres, como una forma de congraciarse con sus compañeros aprende rápidamente  los dichos, las bromas y las groserías de los hombres, en una ocasión, mientras tomaban la colación, un colega muestra una foto de una mujer con sus piernas abiertas mostrando su coño prominente y peludo, Violeta exclamó ¡a esa mina me la cueleo yo! Lo dijo con tanta vehemencia  que los hombres se sonrojaron, callaron, desde ese día nunca más la vieron como una mujer, si no como un rival, como alguien que podría tirarse  a sus mujeres. 
El padre de Violeta murió y ella no pudo seguir remplazándolo, con el  montepío lo invierto en un negocio de abastos, sin embargo la vida  es dura  de los que trabajan el carbón, estos  no pueden pagar sus deudas con el almacén, en una oportunidad entró María al negocio de Violeta se hicieron amigas de inmediato, María la visitaba cuando había menos público, ella le contaba sus penurias acerca de la relación con su esposo —Siempre está en la mina, y cuando llega duerme o se pone a tomar alcohol, él no sabe que una mujer debe ser atendida— Violeta se  reía, pues se acordó de las conversaciones que escuchaba en el pasado, donde los mineros contaban lo contrario. María cada vez fue más explícita en sus relatos —tengo ganas de apagar este incendio que llevo entre las piernas, pero en este pueblo no hay hombres, solo mineros— Violeta se acordó de la fotografía de la mujer desnuda, que el minero le mostró en aquella  oportunidad —Sabes María, yo te puedo ayudar — ambas se miran a los ojos, Violeta le pone la rodilla entremedio de las piernas de María, comienza a frotarle el pubis, María cerro los ojos, solamente los abre para humedecer sus labios, Violeta comprobó que María se empezaba a mojar, quiso retirar su rodilla, María no lo permite y literalmente se monta en la rodilla y comienza  a mover sus caderas hasta llegar al infinito.
Así empezó la relación de Violeta y María, pasaban todo el día juntas en el boliche, en el pueblo ya se comentaba sobre la relación de ellas, no tardó en llegar a los oídos del marido, María lo niega, el esposo se rehúsa hablar con Violeta. No pasó mucho tiempo y deciden escapar de ese pueblo ir a la capital —No te preocupes yo arreglo todo y mañana por la mañana nos vamos para siempre de este pueblo de mierda— María la espera cerca de la estación de trenes, muy poco equipaje, Violeta al verla le preguntó —Pero ¿Qué es esto?— Ella es mi Hijita se llama María…como su madre. Las tres mujeres se van en el tren, atrás quedarán años de recuerdos, de trabajo, dejan a sus muertos, dejan todo por el amor, con la esperanza que este dure para toda la vida.
El Marido de María fue objeto de burlas por sus compañeros, —No te vas a poder poner el casco, ¡Mírate los cuernos que llevas!— Pero él se veía aliviado, como si se habían sacado un peso de encima, ahora le va a durar más  el sueldo, una noche en la cantina, semi ebrio se sube arriba de una mesa y lanza un discurso —Ustedes creen que yo soy un imbécil, ¡yo no soy un cornudo! Mi mujer se fue con otra mujer, no con un hombre, no soy un cornudo, saben ¡hip! , no soy un cornudo, ella se fue con una mina— el silencio fue terrible, los curagüillas se quedaron callados, hasta que el marido se retiró del bar. Pasaron años y aún se recuerda el episodio de estás dos mujeres.
Las mujeres se establecieron en una localidad periférica a Santiago, en la cuadra donde viven actualmente, tiene forma de  culebra, las curvaturas  de la calle le da más intimidad a las modestas casas que la conforma.
El matrimonio con su hija tienen de vecino a una prostituta, una mujer joven mide un metro setenta y cinco de estatura, ella tiene todas sus “cositas “bien puestas”, aprendió el oficio de su madre, los vecinos mas antiguos dicen que la cabra no supera a su madre para la “cosa”, la vieja es como el vino: entre mas pasan los años mas rica está. Al lado izquierdo vive el pescador el hombre vende pescado en la feria, con su pequeño camión que lo lava rigurosamente todas la tardes para sacar el olor a pescado expuesto al aire y al sol. Frente a su casa hay un taller de ebanistas, muchachos jóvenes trabajan arduamente de día y de noche beben alcohol hasta emborracharse, Violeta trabaja como feriante vende papas y cebollas es doblemente vecina al pescador. La calle de Violeta es muy especial, sus moradores no se ven de día, si de noche, en la madrugada sale el pescador junto a Violeta van al Terminal de abastos, a la misma hora se cruzan con los jóvenes ebanistas que salen borrachos del taller, también con la joven prostituta que llega  a descansar luego de tan arduo trabajo. La vida de estas mujeres no ha sido fácil, Violeta es la proveedora de la casa, María se ocupa de la niña y del aseo doméstico, pero se aburre al estar largas horas solas en la casa, es por eso que a veces visita a Violeta en la feria. María tiene un cuerpo privilegiado, a pesar de tener sus años se ve “apretadita”.  El sobrino del casero que vende los zapallos anda detrás de María, está caliente, se la quiere tirar, ya no esconde su deseo, y lo demuestra. Violeta se ha dado cuenta, hasta que un día estallo, al ver como este muchacho la tenía tirada sobre los zapallos pasándole la mano por los senos, María se resistía pero a su vez se reía, al ver al joven que no entraba en razón —¿Cómo podis ser tan caliente? ¡cabro chico! —A todas ustedes les gusta esta cosita que tengo parada— las risas de María, fueron disminuyendo para dar paso a gritos de desesperación. Violeta salto del puesto de papas tomo el serrucho para cortar zapallo y se lo puso el cuello al joven, —suéltala cabrón de mierda o te parto la cabeza como un zapallo—, el tío del joven al ver la gresca intervino —Pare, Pare Violeta si es tan solo un muchacho— —Mira cabro de mierda, te perdono la vida por esta vez—. Tomo del brazo a María y la mandó para la casa, —Después vamos a hablar—. Violeta está enferma, ya no es la misma de antes, los pulmones no le funcionan bien, tantos años de salir de madrugada a buscar las papas a la vega, también el trabajo en la mina le está pasando la cuenta, esta viejo y mañoso, cela a su mujer por cualquier motivo. Su pena es otra, sabe que la relación con María se está agotando, la hija se va a ir detrás del su novio, van quedar solas y no será lo mismo sin la niña, es ella quien las mantiene unidas; además dice Violeta —está yegua esta mas caliente que el sol, me va a cagar con cualquiera—. Luego que dejaron Lota tuvieron muchas discusiones, y riñas como el descrito anteriormente, siempre por los celos de Violeta y  la calentura de María. Una vez tuvieron una discusión muy fuerte, fue justamente cuando sucedió  lo de los zapallos —Tu sabes Violeta que yo soy caliente, tú ya no te ocupas de mí, sales de madrugada y regresar a dormir— — eso no te da  derecho a cagarme con un hombre puta…. de mierda— —la culpa la has tenido tu misma, su siempre dices que quieres tener un pene para mi. Bueno qué quieres entonces—. Violeta, se cansó de la actitud de María y se fue en busca de amantes no le fue difícil encontrar, en la misma feria, comenzó a engatusar a la chica que le ayuda a una no vidente que vende peines de  hueso, hasta que logró hacerla su amante, la convenció con dinero, el día lunes, día de descanso la invito a tomar un helado a la plaza de armas, y de inmediato le explico el trato, plata por sexo, la niña no tuvo escapatoria, necesitaba el dinero para seguir los estudios. No contenta con esa conquista, buscó otra más fogosa, ya que la anterior solo se dejaba llevar, conoció una chica en un tooples cerca de la estación central, la cabra es liceana y es artista nudista como ella misma se nombró, la Violeta encendió un cigarrillo y le dijo —Mira chiquilla, tu necesitai plata y yo te la puedo dar, solo tenis que dejarte que yo te toque y te chupe todas tus cositas— a sorpresa de Violeta la muchacha le dijo —¿De cuánta plata estamos hablando?— llegaron a un acuerdo y se fueron en un taxi a un motel. María nunca sospecho de Violeta, aunque en la cuadra le decían que se cuidara, porque su mujer le anda tirando los cortes a todas las minas. La crisis detonó cuando la hija se fue del país, su novio un maestro de primera la mando a llamar, que se fuera a España, quedaron solas las mujeres, casi no se hablaban, hasta que un buen día Violeta la encaro —a ver que “tenis mina, ¿te queris ir?”— —Si, hueón  te dejó— —y Por qué— María se desahogó, yo siempre quise estar con una mujer y tú siempre has querido ser un hombre, y a mi me gustan las minas, lloró, gritó, rompió platos, se desahogó. ¿Pero a mí también me gustan las minas? —Si como hombre, no como una mujer que le gusta a otra mujer, tu nunca vas a entender.—  —Tú nunca tendrás un pene porque tienes cuerpo de mujer, eres un hombre sin pene— María le reitero —a mí me justan la mujeres no los hombre, ni las mujeres que se creen hombres— —lo que yo necesito es amor, cariño , caricias, un regalito de vez en cuando y tu solo quieres tirarme violentamente—. Muy bien le dijo Violeta —¡Te vas no mas! pero te vas “en pelotas”, todo lo que hay aquí es mío, todo lo he comprado yo. María no le importó, había acordado con la hija, para que le mande dinero desde España, la joven sabía de los problemas de sus padres, le ofreció ayuda, —Mamá, trata de arreglarte con el papá primero—. Pese a los esfuerzos de reconciliarse, el fin había llegado María se va de la cuadra, se va de la casa, sin nada material, solo con la angustia, con una sensación de haber perdido el tiempo con su pareja. Violeta deja pasar la pena con el alcohol, comienza a beber mucho como lo hacen los mineros. Dejo de ir a trabajar a la feria, tomaba todo el día y toda la noche. Se miraba al espejo y se decía —Soy un minero, sin mina, como son los mineros, solo tienen carbón en sus labios, en su cara, en sus pulmones, soy un minero, sin mina— Violeta fue a buscar trozos de carbón y se lo frota en la cara —quiero ser minero— salía de su casa con la cara pintada de color carbón, la gente le llamó la Violeta Negra. En la madrugada sale un joven del taller y ve llorando a la Violeta, se acerca  y le pregunta —¿Por qué llora Violetita? ¿Por qué  llora?—De verdad quieres saber por qué lloro— el joven asiente con la cabeza —Lloro porque soy hombre, y no tengo un pene—  el joven, no entendió la reflexión de Violeta, pero para no quedar como un desubicado le respondió —Un hombre sin pene, no es un hombre….¡Lógico, Lógico !—.
Jorge J. Flores Durán



Comentarios

  1. Anónimo9:33 a. m.

    Hola Jorge
    Una historia muy hermosa y tan de nuestros días, Violeta que siguiendo el trabajo de su padre en las minas, con sus deseos de ser hombre, muy normal, llegando hasta ser rival de sus compañeros de trabajo. Triste es que le faltaba algo para ser hombre. Vivió torrentes de pasiones con la otra pareja casada, ya no importa el que digan sino es la felicidad y su desarrollo como persona con deseos de ser del sexo opuesto. Se sentía minero con sus labios negros, que le daban el aspecto de ser hombre porque ella lo deseaba. Su virtud era amar a su mismo sexo pero su desgracia sentirse hombre sin sus órganos sexuales .
    Una historia llena de pasión y tristeza.
    Cariñosos saludos

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  2. Anónimo10:32 a. m.

    gracias por el texto

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  3. Anónimo10:33 a. m.

    Qué bueno!!!, me encantó!!!!

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  4. Anónimo1:26 p. m.

    Un cuento muy bien logrado, me recuerda a Manuel Rojas, con un tema contemporáneo. Muy bien escrito. te felicito.

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  5. Anónimo3:10 p. m.

    Bravooooooo. Me encantooooooooooooooo....... Que mágico ,,, gracias

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  6. Anónimo6:08 p. m.

    Una narración fuerte, triste, muy bien escrita. Pobre violeta negra si que se las sufrió.
    Yo vivía en Coronel , cerca de lota y es muy triste la vida de los muchos mineros que se sacrificaban hasta la muerte para llevar el pan a su hogar.
    Felicitaciones.

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  7. Anónimo10:20 a. m.

    Un buen aporte

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Gracias por escribirme. Te responderé a la brevedad. Jorge J. Flores Durán

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