Aleucse, o escuela al revés

Aleucse.

Jorge J. Flores Durán


Tempranamente entendí que la escuela no me enseñaría más de lo que me enseñó. Fue en cuarto básico, cuarto de preparatoria como se decía en esos años, conocí el aburrimiento del profesor por enseñar y por aprender. La lección era la división administrativa del país, sus provincias y los departamentos, llenó la pizarra con los datos, pero el país tenía más provincias y departamentos que la pizarra de nuestra sala, tuvo que pedir ayuda, así consiguió dos más, las escribió hasta saciarse. Nos abandonó, nos dijo que debía retirarse, antes nos señaló que quien terminara podía salir e ir a su casa. Yo me salté todas las pizarras y solamente escribí la postrera y concluí que debía irme a casa. Sin embargo seguí estudiando en la educación regular, con la sensación que el profesor podría hacer trampa y también el alumno. Pertenezco a una familia de profesores, por parte de mi madre, mi abuela fue preceptora en las monjas belgas en la ciudad de Antofagasta, también fue institutriz en la oficina salitrera de Chabuco, en las mañanas atendía el mesón de la pulpería de mi abuelo, en las tardes daba clases a las señoritas e hijas de los empleados, en esa oficina habían tres grupos sociales, los obreros, los empleados, los extranjeros, los dos últimos tenían jardín con pasto, un privilegio en el desierto. Todos se encontraban en el teatro de la Oficina los días domingo, se juntaban a escuchar la orquesta que venía de Caldera o de Antofagasta, en esas tertulias las alumnas de mi abuela, recitaban poemas aprendidos con devoción. Ser hijo de profesora, tiene sus ventajas y desventajas, las desventajas fueron que en periodo estival debí acompañar a mi madre a su escuela, los profesores no tienen las mismas vacaciones que los alumnos, es por eso que la segunda mitad del mes de diciembre, y las dos primeras semanas de enero, debía estar en una escuela sin alumnos, vacía como cuando alguien pone en venta la casa, mientras la mamá realiza su trabajo, yo me quedaba en una sala con pequeños deberes, como hacer una composición de un tema libre, en esos años no sabía porqué me dolía tanto escribir de esa forma, como poeta considero un sufrimiento estirar las palabras, me llamaba mucho más la atención trajinar el librero, donde se guardan los libros usados por el curso, muchos ya están ajeados, les faltan hojas, tomé una antología de la poesía española, donde encontré un poema de Quevedo que le faltaban versos, me entretenía completando los poemas, mi madre me sorprendió y con congoja me señaló que los libros no se rayan y menos se escribe sobre ellos, pero no pudo evitar de leer lo que su hijo había hecho con Quevedo. La escuela, ¡siempre hablando de escuela!, decía mi padre durante los fines de semana, cuando mis tías nos visitaban —también profesoras— ahí seguía el trabajo, se corregían pruebas, mi padre con su buena caligrafía escribía los certificados de fin de año. Las tías de quien hablo también tienen una pequeña escuela en un barrio popular, recién llegados del norte a Santiago, junto a mi abuela se instalaron en la comuna de San Miguel. No fue fácil al inicio, primero daban clases particulares, luego habilitaron una pieza de la casa como sala de clases, bueno, así fue creciendo esa escuelita. Mi abuelo quedó arruinado con el quiebre de la pulpería en el norte. En la escuelita él vendía los dulces a los niños, junto a mi hermano Genaro le ayudábamos y éramos recompensados con unas monedas, que luego gastaríamos en nuestra escuela en dulces. Uno podría decir nadie sabe para quien trabaja, pero mi familia siempre supo para quien trabajar, con las personas pobres, pues piensan que son ellos los que más los necesitan. Yo me he formado de manera independiente, al inicio por razones involuntarias hoy voluntariamente. ¿Porqué involuntariamente? Porque desde muy joven me fui de mi casa de origen, involuntariamente, a los 16 años fui secuestrado y torturado por agentes del estado - la DINA -. En 1974 llego al exilio, tuve que aprender un idioma en la calle, trabajando y estudiando de noche si el cuerpo me lo permitía. ¿Por qué voluntariamente? Pues es mi decisión hacerlo así. Yo tengo uno de los oficios más antiguos del mundo, soy poeta, y para los poetas el estado de contemplación es su condición permanente, como diría André Breton, estamos en la osmosis de lo real y lo imaginario. Bueno, quién puede poner atención en una clase así, a mi me ha sucedido desde muy joven, recuerdo en una oportunidad en el liceo, cuando el profesor de literatura pidió explicar la novela Martín Rivas, al escuchar mi relato, el profesor dijo que me había ido por las ramas, bueno para mi, de eso se trata, irse por las ramas. Coincidencias de la vida, cuando estaba en Paris conocí a una amante de mi hermano Sergio, que de tanto hablar con ella, me dijo que fue amante de ese profesor, es muy estricto dijo, ella era estudiante en la escuela nocturna, en el liceo José Victorino Lastarria, donde yo estudiaba de día, ella trabajaba como empleada doméstica de día, cuando le conocí tenía una cabellera negra exuberante, los parisinos se daban vuelta para mirarla, no diré la edad de ella pues no la se, era ya una mujer madura, de una fuerte risa, de solo escucharla contagiaba su alegría, el profesor le aconsejó que estudiara una carrera universitaria, consejo que agradecía infinitamente, pues terminó graduándose en letras con un très bien en la ciudad luz, ella le entregó su juventud y el profesor el consejo, tenían mucha diferencia de edad, otra coincidencia, la misma diferencia con mi hermano pero a la inversa. Yo ya en esos años recitaba mis poemas, me preguntó: ¿cómo hacia para escribir poesía? Le respondí lo mismo que a ese profesor —contemplando— agregué a esa palabra me inspiro en la sombra de tus ojos y ella me miró y luego sonrió. Yo llegué a Paris a los 16 años, caminé por sus calles libremente, no necesité de su idioma para comunicarme, solamente disfrutaba mi adolescencia, en donde la cultura estaba cerca de los jóvenes. Trabajé para una iglesia que daba conciertos en sus entrañas, solo debía colocar los carteles en las Boutiques más centrales de Paris, por cada cartel pegado en las vitrinas me pagaban, pero el sueldo realmente era otro, podía asistir a los conciertos gratis, ahí disfrute de la mejor música en vivo, aún está en mi memoria el sonido del órgano de viento de un siglo pasado, pero todo no podía ser tan bueno, para cobrar mis honorarios, debía subir hacía la torre de la iglesia donde estaba el despacho mi jefe, subí por unas pequeñísimas escaleras, estrechas y sin fin, ahí estaba el acólito, que siempre quería pagar menos, “pero joven, si su sueldo es la asistencia a los conciertos”, sabia respuesta del acólito, no me cabe duda. Puedo decir que conozco más Paris que Santiago, recorría las calles, caminaba sobre los adoquines, miraba los números de los edificios, sus cornisas, sus monumentos, sus iglesias, miraba a los ojos, también a los labios, observaba más de los que uno puede ver, con la piel, con el tacto, seguía la brisa, los viajes de las aves, el olor a tabaco, seguía el movimiento de una cucharadita de café, en un pequeñísima tacita en la barra de un Bistrò , junto a una maquina que ofrece maní salado, al lado de otra que ofrece huevos duros. En Paris adopté la habitude de leer el diario todos los días, casi como una adicción, pasé horas y horas leyendo el diario de la tarde con un diccionario en la mano, el dedo índice buscaba con apremio una noticia de mi país, hasta que un día 31 de octubre de 1974, apareció la noticia que había sido detenido, luego de un enfrentamiento, mi hermano mayor Aldo, fue muy duro leer esa noticia en el diario Le monde, había caído herido y se temía por su vida, mi hermano era dirigente revolucionario pertenecía al grupo que encabezó la resistencia a la dictadura, el movimiento de izquierda revolucionaria. ¿Qué puede enseñar leer un diario?, pues bien muchas cosas, el estar siempre informado como ser social, buscar individualmente las fuentes de información, para tener opinión propia, no tan solo eso, sino hacer uso del derecho a la cultura a la educación de libre elección, como un derecho humano fundamental, es cierto que los diarios de hoy no son tan reflexivos como los de ayer, el problema no es de la década que vivimos, sino intencionalmente no se quiere contribuir a formar seres críticos, por eso que valoro enormemente esas horas de ocio, que yo dediqué junto a mi amigo Michel a leer, mientras mirábamos pasar la vida por el boulevard Saint Michel, o por el boulevard Saint Germain, ustedes deben saber que muy cerca de esa intersección, se encuentran los Cafés, Deux Magaux o Café Flore, que en los años sesenta fueron el centro del debate de las ideas por un sociedad libre. Las ventajas de ser hijo de una profesora, es la relación que se establece con los alumnos y alumnas, ser el hijo de la “profe”, es algo singular, te conviertes en un pequeño personaje, como en las obras de teatro en los jardines infantiles. De niño acompañé a mi madre a los paseos de curso. En el año 1965, mi madre hacía clases en una escuela en la avenida Carrascal sin número, y llevaba a sus alumnas a la Quinta Normal, en esa época estaba en todo su esplendor, árboles fuertes y sanos, el pasto es verde como los ojos de una niña que me observaba, se compartía todo lo que se llevaba, jugos, galletas, pan, dulces, se hacían penitencias, se cantaban, me acuerdo de un juego que era acompañado con un estribillo muy particular “Al pirin pirilero, cada cual tiene su lero, el que no lo tiene un castigo recibirá” y el que no tenía algo en su mano debía hacer una penitencia, todos éramos felices, sentado en los jardines de la Quinta Normal hoy muy desminuida. También con los años asistí a las fiestas bailables del curso, pasaba mucha vergüenza al inicio, pues todas las niñas deseaban bailar con el hijo del profe, no tenía mas alternativa, bailar y bailar con todas las niñas que me lo solicitaban. En el verano del año 1975 junto a unos amigos chilenos, fuimos a Suecia a trabajar como estudiante, el viaje fue en tren, salimos desde la Gare du Nord, a las 23 horas, nos fuimos sin coche dormitorio, pero afortunadamente el vagón no iba lleno, y logramos estirarnos en las banquetas del tren, el recorrido se hizo atravesando el lado norte de Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Dinamarca hasta que llegamos a Estocolmo, subarrendamos entre todos una pieza en una residencia universitaria, normalmente son individuales y nosotros sobrepasamos la decena, todavía no me explico como lo hacíamos para descansar en tan pequeña pieza. En el centro de la ciudad, estaba la oficina del gobierno sueco, para distribuir trabajo a los estudiantes extranjeros, como era de esperar estaba repleta, enormes filas para entregar antecedentes personales, con paciencia todo se logra, yo no hablaba sueco, tampoco inglés, la señora que atendía no hablaba español, tampoco francés, entonces usamos el idioma universal… el de la manos, luego de un rato logré entender lo siguiente: necesitaban a una persona para hacer sándwich el día sábado, acepté de inmediato, ella muy gentil anotó en un papel la dirección y la hora. En Estocolmo es muy fácil ubicarse, pues el metro ayuda, llegué a la dirección pero algo no se ajustaba a lo que yo había entendido, la dirección no correspondía a la de una fuente de soda, era una agencia de viajes, pensé que se trataba de un cóctel, una inauguración, bueno, dudoso entré al local y me presenté, me hicieron esperar en la puerta, en un santiamén me colocaron un cartel doble en mi cuerpo, una cara hacia delante y la otra atrás, ahí entendí de qué se trataba el trabajo: era hombre-sándwich, así conocí la ciudad, debí pasearme por las céntricas calles de Estocolmo, que brillaba como el oro por el sol que recibía en su cabeza. Luego de esa experiencia, conseguimos un trabajo junto a mis amigos en la fabrica Scania, en la ciudad de Södertälje donde se fabricaban los automóvil Volvo, en verano se realizaba la mantención de las instalaciones, se debía limpiar los estanques donde las piezas de los automóviles son pintadas, me recuerdo que tuve que pintar por dentro ese enorme estanque, con pintura antióxido, me fui entusiasmando, mis compañeros que no me veían salir se asustaron, y a gritos pedían auxilio, pasaban por el pasillo unos trabajadores suecos que de inmediato me sacaron del estanque con síntomas de asfixia, los trabajadores eran dirigentes sindicales, nos explicaron que ellos no hacían ese tipo de trabajo, por los riesgoso que resultaba para la salud, y que nosotros tampoco deberíamos hacerlo, pues los perjudicábamos a ellos en sus luchas sociales. En esa fábrica nos encontramos con un grupo de compatriotas, que venían desde Rumania, eran mayores que nosotros, nos miraban con recelo pues en esos años se decían pequeños burgueses a los que vivían en Paris, en un encuentro, nos gritaban que nosotros no teníamos necesidad de trabajar, que nosotros no sabíamos lo que era vivir en Rumania, era un país pobre, que ellos eran jefes de familia, que necesitaban dinero para llevar a sus hogares, que le estábamos quitando una fuente de trabajo a otros amigos de ellos que estaban esperando un puesto, se les explicó que estos trabajos eran para estudiantes, nunca comprendimos porqué había tanto odio, tiempo después supimos que este grupo se había quedado en Suecia pidieron asilo, no volvieron más a Rumania, no enviaron el dinero a sus familias que dejaron abandonadas. Muchos años después, en Paris supe de la caída del dictador rumano Nicolae Ceauşescu, ese momento se transmitió en directo, estaba hablando a la masa cuando se empiezan a escuchar gritos de protesta y es sacado por sus guardias de seguridad, luego es asesinado junto a su esposa, al principio se dijo que había sido una rebelión popular, luego se supo que había sido un golpe de estado dirigido por la seguridad de Moscú. El PC francés por los años 75 o 76, sacó de su programa la Dictadura del proletariado, ese hecho trajo una enorme discusión, la izquierda estalinista chilena, decía en voz baja que eran unos chuecos, los mas revolucionarios decían que se habían retirado “por la derecha” del estalinismo, la discusiones siguieron, se hablaba “si había que tener una política independiente a los bloques dominantes o sumarse a ellos”, toda la izquierda chilena terminó sumándose al bloque socialista, incluyendo Cuba, aunque ahora muchos escondan la mano. El secretario general del PC francés en esa época se llamaba Georges Marchais, cuando pasó lo de Nicolae Ceauşescu, se dijo que Marchais pasaba sus vacaciones en una Dacha facilitada por el dictador, su respuesta fue cómica como acostumbraba a responder el difunto ex secretario del PCF, “si me invitan no iba a decir que no”. En esos años en Europa se discutía en la izquierda entre dos bandos los estalinistas o los trotskistas, más o menos igual que en la época de la UP en Chile, entre los reformistas y los revolucionarios, los reformistas eran los que se alineaban con Moscú, y los revolucionarios los que querían seguir el ejemplo del Che Guevara, en un proceso vertiginoso toda esa discusión no llegó a puerto, porque los reformistas y los revolucionarios terminaron siendo apoyados por Cuba que a su vez era apoyada por Moscú. Conocí Cuba en el año 1978, se realizaba el festival de la juventud, los jóvenes que asistían eran del gran bloque socialista, —no otros—, yo no participé, solo realizaba una visita privada, pero tuve la posibilidad de asistir a una conferencia sobre el escritor ruso León Tolstoi, ahí aprendí que el autor de la novela La guerra y la Paz mantenía una relación epistolar con una ciudadana chilena de la ciudad de la Serena, cuánto demoraría en llegar una carta en esos años, desde San Petersburgo al puerto de Coquimbo, se habló que no era una relación amorosa, si no de admiración por el escritor, yo me imaginé a esta mujer escribiendo esta carta en ruso, al lado de unas papayas confitadas, comienzo un trozo de charqui, o degustando un pedazo de queso de cabra, se debió limpiar sus manos, llamó a su sirvienta para pedirle que vertiera la jarra con agua sobre sus manos, tomaría la pluma y se daría a su acometido, León Tolstoi recibiría la misiva en un carruaje escoltado por unos cosacos, la leería con apremio, quizás sintió el olor a la papaya, al charqui, al queso, pudo haber sido el impulso a seguir escribiéndose con nuestra privilegiada compatriota. En el año 1975, en la plaza Trocadero frente a la torre Eiffel, se realizó una de las concentraciones más numerosas que haya asistido en esos años, fue para pedir contra la condena a muerte por unos jóvenes españoles, que habían sido condenados por Franco en España, el dictador moribundo no quiso salvarles la vida, toda la comunidad internacional se volcó a las calles para pedir por la vida, pero la clemencia no llegó de parte de Franco, los dictadores son la muerte uniformada, son la cara nocturna de los dueños de la riqueza, me recuerdo del giripollas de Pinochet, antes de dejar su gobierno mandó a matar a un joven, fue asesinado gratuitamente, en una calle del centro de Santiago. Tengo un recuerdo hermoso de unos pueblos en Chile, que están empinados cerca de la cordillera de los Andes, muy cerca donde se pierde el acento, mi padre nos pidió que lo acompañáramos, fuimos a la ciudad de Los Andes y a Putaendo, sus casas de colores rojos coloniales y un azul convalesciente, casas de enormes aleros que invitan a protegerse del sol, mi padre estaba a cargo de darle agua a ese pueblo, nos insistió mucho en presenciar cuando el agua sale de la tierra, se iba a recibir un pozo subterráneo, todos estábamos ansiosos, esperando que saliera el chorro de agua que daría más vida, hasta que explotó y salieron litros y litros, se me dio el privilegio de ser el primero en beber el agua de la tierra, fresca, violenta, llena de fuerza, estridente, vi cómo la tierra guarda los tesoros más hermosos. Mi padre dedicó mas de 40 años de trabajo para el estado chileno, trabajó de sol a sol, trabajó dando agua a los lugares donde es difícil encontrarla y el estado le pagó asesinando a dos de sus hijos, mis hermanos, dio muerte a su sobrina y desapareció a su sobrino, mis primos. La década de los setenta no solo estuvo llena de malas noticias, me recuerdo de Portugal, la revolución de los claveles, los militares se habían tomado el poder para construir una mejor sociedad, una canción que se transmitió por la radio fue la partida de esa gesta revolucionaria, al ver a los militares en las calles el pueblo portugués, les regaló un clavel, de ahí el nombre de ese acontecimiento, de Portugal se sabe poco, ahí estuvo exiliado Agustino Neto fundador del MPLA, Neto escribía versos en sus ratos de ocio, me recuerdo de uno Voltar, a mi terra quiero voltar, versos que evidencian su nostalgia por su pais. África se convulsionaba por la lucha de liberación nacional, así nacieron nuevos paises como Etiopía, Somalia. Luego esta se dividió en dos, la del norte y la del sur, Mengistu Haile Marian llego a ser el presidente de Etiopía apoyado por Cuba, trató de hacer de su país una sociedad socialista, los resultados se los pueden imaginar, Etiopía invadió a Eritrea, una isla que fue invadida primero por Italia fascista de Mussollini, ahí se encuentran las mujeres mas hermosas, el ébano brilla en Eritrea, brilla en silencio. De eso nada queda, solo fue un experimento de los que se llamó la guerra de baja intensidad, donde los dos bloques peleaban en distintos continentes, sin hacerse daño, y sin importar el motivo. La poesía está en las calles, se dice siempre, y que cierto es, en México, en el distrito federal, el DF como se conoce, hay un barrio que se llama Coyoacán, ahí está el color azul en sus paredes, intenso, natural, son trocitos de cielo que se han alojado en las paredes de sus casas, el color azul está en México, el color azul tiene nacionalidad, el pasado está en esa ciudad, incólume, está ahí porque alguien ha impedido que se borre, en muchos países están los signos de la literatura, en sus Cafés en sus puentes, incluso en sus cementerios como Pere-Lachaise en Paris. Edgar Allan Poe escribió el poema el cuervo en New York, también la novela doble asesinato en la rue morgue, muchos se han inspirado recorriendo el puente de Brooklyn, el pasado debe estar físicamente en un país no solamente en el viaje de la boca a los oídos, nuestro país se ha desarrollado ninguneando todo, el progreso llega junto con una bola de acero que destruye los barrios, los almacenes, las escuelas, los bares, las esquinas. Los cines se convirtieron en templos religiosos, en garajes mecánicos, todo se destruye, porque a algunos les gusta el oro, y el pasado nubla el brillo del metal de los avaros, de los cicateros, necesitan borrar, o cierran los espacios públicos, los jóvenes no pueden estar en las plazas, en las esquinas, pero sí un automóvil en la vereda, el vecino ensucia las calle los fines de semana lavando su automóvil, pero los jóvenes no pueden hacer nada en la vía pública, porque son jóvenes, la vida adulta es excluyente, egoísta, diría miserable, no tolera la diferencia. Años atrás reflexioné de esta forma sobre la poesía, …“Los poetas escriben desde el sufrimiento porque sufren toda su existencia. Cuando los poetas escriben, es eso lo que hacen, escriben un poema, sencillamente. Cuando levantan la vista aparece el poema. El sufrimiento se encuentra también en la felicidad, yo he visto gentes que son felices pero les causa un gran dolor serlo, los curas por ejemplo, los revolucionarios, es decir los dogmáticos, en cambio los poetas sufren sin buscar el dolor. El sufrimiento está en ellos como el agua en los ríos. Cuando los poetas escriben, es eso lo que hacen, escriben un poema. No son magos, en cambio el poeta busca la belleza…la belleza de la palabra, que es el poema propiamente, no hay mensajes ocultos, ni visibles. El sufrimiento se encuentra también en la belleza… quien quiera una rosa tendrá que tomar primero las espinas. Los poetas pueden cavilar o escribir con un buril, pero jamás buscaran el dolor como fuente de inspiración, los que busquen lo último, serán la antípoda del poeta, escribirán galimatías, se quedarán con la grafomanía y se apartarán de la belleza. Los poetas no buscan ser poetas, la poesía es la miel que sale de su boca, es la hoja verde que escapa antes de la primavera, es el impulso que hace mover la mano, en busca del lápiz, en una pieza oscura. Los poetas sufren como sufre el mundo, ese mundo que está más allá de sus ojos canos. Los que busquen el dolor encontrarán el odio, y luego la venganza. Los poetas mugen junto a los olvidados, mugen con los que se quedaron con las manos extendidas, mugen con los que no conocen el oro, pero son capaces de abrir la puerta y salir…salir como el viento entre las montañas e ir a dentelladas por la vida.” La poesía para mi es todo, ha reemplazado la sangre en mis venas, me hace vivir. Desde que nací circundo las escuelas, mis recuerdos escuchan las campanas y el trajín, el recuerdo más lejano que tengo es un olor, que hasta hace poco era desconocido, hoy se que es tinta, esa que se colocaba en los tinteros en los pupitres, siempre estuve en una escuela, conocí la leche y la tinta al mismo tiempo. De tantas vueltas que he dado como la tierra sobre el eje imaginario, yo recalé en una comuna de Santiago, cercana a la cordillera, me despiertan las mismas aves que cruzan la cordillera, la misma nieve que baja por el único río, que desangra la ciudad como una puñalada, es la comuna donde aún se ven árboles sonrientes, y vientos pueriles que asustan a los niños y ancianos, en la comuna que aún los vecinos dicen “Voy a Santiago” cuando salen de sus casas. Pero aquí está también la diferencia social más horrenda, está el modelo económico en exhibición, químicamente puro. Mucho dinero, mucha pobreza, pero también el silencio, la omisión, el desden, la desilusión, los hombres envejecen persignándose, envejecen agachando la cabeza. Aquí yo hago mi poesía como en un campo de Marte. La escuela, la escuela, siempre hablando de escuela dice mi progenitor, yo hago lo mismo con mi hijo menor, el otro día como modo de una lección le pedí que me ayudara a sacar unos cachureos del patio, le dije que en vez de pagarle a un ayudante, yo le daba el pago a él, así se quedaba con esos pesitos, mi hijo adolescente me respondió: yo te ayudo y le das el dinero a la persona en quien pensabas, al que más lo necesita, agregó, lo mire asombrado y me pregunté ¿Quien enseña a quien? en este país. ¿La escuela?, es mejor que nos sentemos a conversar, como diría Luís Weinstein.
Stgo. 2006

Comentarios

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Gracias por escribirme. Te responderé a la brevedad. Jorge J. Flores Durán

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