ACERCA DEL PAÍS DONDE SOÑAMOS

Acerca del país donde soñamos
Presento estas reflexiones,
Surgidas desde las “tertulias Agustinas” que tengo el honor de dirigir. Por considerarla de mucho interés las difundo con la venia del autor.
Pronto celebraremos el Bicentenario de la República, estaremos más viejos, más bellos, usaremos sombreros, lentes, pero sonreiremos a la cordillera, porqué nos cuida las espaldas, en el país donde soñamos.
Jorge J. Flores Durán
Poeta.
REFLEXIONES EN TORNO A LAS MIGRACIONES
Herman A. Zepeda F.
Profesor de Historia y Geografía.
El 18 de septiembre se conmemora la Independencia del país celebrando la formación de la Primera Junta Nacional de Gobierno hecho ocurrido en 1810. Próximo al Bicentenario de la República se hace necesario reflexionar acerca de tan importante hecho. El país que hoy conocemos fue producto de la presencia de pueblos originarios y de una migración de clara orientación capitalista y con la obligación impuesta por el rey de España de evangelizar, este compromiso está ligado a las bulas papales de Alejandro VI, que entregó territorios como propiedad a los monarcas españoles, los llamados Reyes Católicos. Comienza la migración de conquistadores que eran, “duros, crueles, ásperos, ávidos de oro y, sin embargo, también como iluminados de una divina misión. De España llegaban en Galeones lentos que aran el mar y en la primera costa se dispersaban como un vuelo de pájaros altaneros”(1) “Las Lanzas Coloradas L.(1) En el caso chileno esclavizaron y fueron resistidos. Los raptos generaban nuevos hijos engendrados, con fuerza o con consentimiento iniciaron el mestizaje” dice el poeta:
Luego tierra y océanos, ciudades,/ naves y libros, conocéis la historia/ que desde el territorio huraño/ como una piedra sacudida/ llenó de pétalos azules/ las profundidades del tiempo.
Tres siglo estuvo luchando/ la raza guerrera del roble,/ trescientos años la centella/ de Arauco pobló de cenizas/ las cavidades imperiales.
Tres siglos cayeron heridas/ las camisas del capitán,/ trescientos años despoblaron/ los arados y las colmenas,/ trescientos años azotaron/ cada nombre del invasor,/ tres siglos rompieron la piel/ de las águilas agresoras,/ trescientos años enterraron/ como la boca del océano/ techos y huesos, armaduras,/ torres y títulos dorados.
A las espuelas iracundas/ de las guitarras adornadas/ llegó un galope de caballos/ y una tormenta de ceniza.
Las naves volvieron al duro/ territorio, nacieron espigas,/ crecieron ojos españoles/ en el reinado de la lluvia,/ pero Arauco bajó las tejas,/ molió las piedras, abatió/ los paredones y las vides,/ las voluntades y los trajes.
Ved cómo caen en la tierra/ los hijos ásperos del odio,/ Villagras, Mendozas, Reinosos,/ Reyes, Morales, Alderetes,/ rodaron hacia el fondo blanco/ de las Américas glaciales.
Y en la noche del tiempo Augusto/ cayó Imperial, cayó Santiago,/ cayó Villarrica en la nieve,/ rodó Valdivia sobre el río,/ hasta que el reinado fluvial/ del Bío Bío se detuvo/ sobre los siglos de la sangre/ y estableció la libertad/ en las arenas desangradas.(2).
A principios del siglo XIX, Europa está congestionada por las conquistas de Napoleón Bonaparte, llevando a Francia a la formación de un Imperio, las ideas de los filósofos liberales-burgueses han llegado a América, en la privacidad de los hogares o en frías celdas sacerdotales, muy en secreto se lee a Rousseau, Montesquiau, Voltaire, pequeñas sentencias comienzan a ser masticadas por los escasos miembros de la clase alta, que saben leer “separación de poderes públicos” Contrato Social, república se mascullan en saraos y tertulias. Algunos han estudiado en Europa y se han comprometido a luchar por la independencia.
Se conocen también las normas de la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano, dictada durante la Revolución Francesa, especialmente la primera que indica “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales no pueden brindarse más que sobre la utilidad común”, todo ello sotto voce; pues podía ocurrir que lo supiera la Inquisición que condenaba con penas terribles.
La intervención de Napolén en España designado a su hermano como gobernante , trae consigo la formación de Juntas y los nativos americanos, “los criollos”, utilizando las ideas antedichas comienzan la lucha emancipadora. Sin cronología, exacta, sin publicidad o cultos circulan panfletos, como el “Catecismo Político Cristiano” y “El Diálogo de los Porteros”.
Pronto, guerra civiles, rencillas internas caudillaje, van dejando de lado la unidad primigenia, formando países independientes, con límites – fronteras y aún cuando se acepta la doctrina del uti possidetis (como posesión expresión latina del derecho que explica que las posesiones territoriales se consideran las actuales en este caso aquellas de 1810). Con todo antes aquellos americanos que podían viajar sin problemas desde Méjico a Chile, comienzan a necesitar pasaporte y sí se establecen en otro territorio constituyen emigrantes. Chile independiente ya comienza a recibir extranjeros no sólo de América, sino también de Europa, son líderes, sabios, artistas, muchos se quedan en nuestro territorio, Ignacio Domeyko: creador de la geología y geografía chilena, Pedro Cantournet, Jorge Beauchef y otros. Hubo también otros que desarrollaron la cultura en Chile, y luego partieron como Mauricio Rugenda, pintor que retrató al país, Domingo Faustino Sarmiento, exiliado político que hizo importantes aportes a la educación, Claudio Gay humanista francés que se recopiló informaciones históricas, de la fauna, flora, costumbres, Amado Pissis, que recorrió la Geografía del país y el gran Andrés Bello, que legó su trabajo en el Código Civil, en sus tratados de gramática, derecho, artículos en el Araucano, un señero discurso al inaugurar la Universidad de Chile, publicaciones sobre los más diversos temas, se integró al país, formando una familia y sentía un respeto por la patria adoptada en la cual falleció, ella le dedica varios poemas. (He aquí un breve ejemplo).
AL DIEZ Y OCHO DE SEPTIEMBRE
Celebra, ¡oh patria!, el venturoso día
en que tus fueros vindicar osaste,
y el yugo que oprimía
tu cuello, destrozaste,
y el canto de los libres entonaste.
A tu voz, cual incendio que violento
cunde por vasta selva y se derrama,
así en alas del viento
de libertad la llama
voló del Biobío al Atacama.
Atravesó la agigantada cima
de tus montañas el alegre canto;
corrió de clima en clima;
y entre furor y espanto
rasgó Iberia indignada el regio manto.
“Volarán, dice, a la remota arena
de las playas del Sud mis campeones;
gemirás en cadena;
verás a mis legiones
arbolar los castillos y leones”.
¡Vano error! Cuando el rápido torrente
que arrastra al mar su propia pesadumbre,
en busca de la fuente.
Hubo guerras, Chile apoyando al Perú, cuando la Escuadra Española ocupan las Islas Chinchas, a raíz de esta ayuda, el almirante Español bombardea Valparaíso, (1866), otra frente a Perú y Bolivia, cuando como Confederación amenazaban a Chile, y en 1879 la guerra del salitre.
No puede olvidarse las migración resultante de políticas de población del Estado Chileno, fue el caso de aquellas familias alemanas a mediados del siglo XIX llegaron a colonizar el Pequeño Sur del país, huyendo de la persecución contra los grupos liberales, señero son los nombres de Bernando Phillippi y su hermano Rodulfo Armando, quien hizo grandes aportes a la ciencias naturales de gran importancia resulta su libro “Viaje al desierto de Atacama, recientemente reeditado, si bien con un estudio prólogo pero sin citas aclaratorias. En la década del 1950 hubo otra migración estatal trayendo campesinos italianos a parcelas ubicadas entre La Serena y Coquimbo; en otros momentos arriban también grupos de yugoslavos, árabes, españoles. La vida de quienes llegaban al país no fue fácil. Uno de ellos proveniente de Siria, y que llegará a dominar el idioma y costumbres, constituyéndose en un escritor chileno, Benedicto Chuaqui cuenta en sus memorias(3).
“Aquel local en Matucana, en cierto modo, era aun peor que el de San Pablo. Era un cuarto redondo que no tenía salida para ninguna parte. Yo tenía mi colchón sobre el mostrador y recogía mi cama apenas me levantaba, para dedicarme enseguida a hacer el aseo del local e ir después a la pensión a hacer el aseo de mi persona”.
“La carencia de agua y de servicios higiénicos, que son tan absolutamente indispensable en la vida del hombre que no hace la vida de un salvaje, me hacía padecer lo indecible. Con frecuencia ocurría el caso de sentir, con esa imperiosa urgencia que por ningún motivo se puede dilatar, el deseo de satisfacer esa necesidad corporal, “que no es decente nombrar, pero que nadie puede evitar”, como pudiera haber dicho Sancho, en una de esas sabrosas plásticas que tan a menudo sostenía con Don Quijote”.
···
“Estábamos a comienzos del año 1910, y ya se veía por todas partes inusitada agitación preparando la celebración de tan magno acontecimiento como era el del nacimiento de este país a la vida libre e institucional de la República”.
“El Presidente de la República , a la sazón don Pedro Montt, viajaba por Europa en busca de mejoría a una grave dolencia que lo aquejaba. La gente ponía en duda su enfermedad, atribuyendo su viaje a un mero pretexto para pasear. Y de pronto llegó la noticia de su muerte, ocurrida en la ciudad de Bremen, en Alemania. Recuerdo que esta infausta nueva se esparció a medianoche por la ciudad. A esa hora los suplementeros recorriendo las calles vendiendo el “suplemento” con todos los detalles del fallecimiento”.
El dolor de inmigrante o aquel que quiere viajar, se ve magistralmente descrito en un artículo de Gabriela Mistral del cual se reproducen unos pocos párrafos iniciales.
“Se presentan a la oficina frecuentemente candidatos a inmigración. El género ha sido siempre conmovedor para mí. Era el hombre desventurado en su suelo y que en un tirón de goznes, busca zafarse medio en animal de estepa hacia el que lleva una ráfaga de llanos nutricios, medio en criatura espiritual al que silva misterioso amante el genio de otra casta por encima del Atlántico.
Los miro con la mejor buena voluntad. Uno más suelto de lengua, expone y luego alega. El segundo, un tímido, se suena con la manga de su chaqueta y mira la oficina desconfiadamente. El que habla es un hermoso tipo primitivo, una alta cepa endereza, arrugado a los 35 años, de una mirada animal que hecha brasa en el alegato”.
“En su cabeza no hay cosa cuidada ni lagrimal limpio, ni cuello lavado, ni encía cepillada nunca; ni cabellos peinados”.
“La lengua que habla es, sin embargo, viril castiza, hermosa. Es ella cuanto le queda de las épocas grandes de España que no le han podido quitar. Nada de la lengua cantarina y cortés nuestra, sino una expresión dura y seca como el puño bruñido de un marinero vasco. Se la voy a disfrutar desde la serenidad del comienzo hasta la procacidad final. Y me aparecerá, de cabo a rabo, mejor lengua que la de los profesores nuestros” (Gabriela Mistral). Hasta aquí algunas pinceladas suaves, casi sin orden cronológico, pero reales del país que muestran a aquellos que se arriesgaron a viajar al fin del mundo. Está también el caso inverso el chileno pata de perro” que se alejó del terruño sea por amor, aventuras, mejores perspectivas económicas obligados simplemente por pensar distinto. Son las razones de quienes migran obligadamente por razones políticas, religiosas o étnicas y que hieren lo más profundo del quehacer humano, la libertad y la solidaridad.
Nuestro país ha sido construido con inmigrantes, algunos nombres se encuentran registrados en calles de diversas ciudades, otros en monumento y la gran mayoría en eso que llamamos el pueblo chileno. Respetémonos mutuamente y propugnemos para que ellos comprendan a este país, que con más y menos los acoge, en cual el respeto a nuestras leyes, es lo único que no se puede discutir.
A. Uslar - Pietri
Neruda, Pablo, Canto General
Bello, Obras Completas Ed. Venezolana
Chuaqui Benedicto, Memorias de un inmigrante, Santiago Ed. Zig-Zag 1995.
Mistral Gabriela, Inmigrantes (inédita copia mecanografiada en poder del autor, gentileza del escritor Roque Esteban Scarpa (Q.E.P.D).

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