Poema a la madre dormida

Llegarás al calcio y al silencio,
a revisar la ropa,
a servir el desayuno,
no habrá mas noches desveladas
solo la tranquilidad anhelada.
Llegarás al calcio y al silencio,
a juntarte con otros huesos,
con otros silencios,
llevarás la tiza y la almohadilla,
a enseñar lo aprendido,
se acabó el recreo —¡Niños!—
¡saquen una hoja y escriban su nombre!.
Llegó la profesora,
llegó la madre ya no habrá mas frío ni rocío,
sólo el blanco de los huesos y la tiza en tus manos.

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