Si no recuerdas lo Haré por ti. Si tu ne te souviens pas, je le ferai pour toi.











Si no recuerdas, lo haré por ti
Si tu ne te souviens pas, je le ferai pour toi






Intervención del poeta Jorge J. Flores Durán
El olvido
Yo escribí este libro pensando en los que no pueden hablar, no por que estén mudos sino porque no pueden hablar. Yo vivo en un país donde los enfermos se enferman antes de enfermar, como los muertos que mueren antes de morir, como los jóvenes que envejecen antes de ser joven. Porque hay algo que roba todo lo que merecemos y también todo lo que uno quiere, — el olvido— Yo no quiero que a los enfermos que todo lo olvidan, los olviden.
Somos un país joven y lo poco que tiene lo quiere olvidar, esto no es culpa de la enfermedad sino de un país que se deja enfermar. El poeta no tiene ninguna obligación de escribir, sin embargo, lo hace todos los días, es un acto libre un acto soberano, pero sobre todo es un acto individual, es la relación que existe entre el silencio y el lento movimiento que hace la boca, su mano obedece aunque no lo desee, los poetas escriben antes de escribir antes de soñar, antes del beso, antes de la lágrima pero muchas veces todo se pierde, en menos de un segundo todo acaba, es imposible reconstruirlo, es por eso que los libros son importantes son un bien público, por eso es difícil olvidar un libro, aunque nadie lo lea en sus inicios el solo hecho que exista es la esperanza, pues alguien lo leerá. Es el circulo virtuoso, los poetas leemos otros libros de otros poetas, así se dieron la mano los poetas parmasianos – o los poetas simbolistas como también se conocen - con los antecesores. Leer… la lectura es la esperanza del mundo humanista, del mundo solidario, del mundo que no niega al próximo, al amigo. Leer, leer por placer no por obligación, es el camino del crecimiento personal y social. Muchas personas se han formado en los valores humanistas a través de la lectura y muchos escritores y poetas han aportado con sus letras, a que existan cambios
Yo escribí este libro, pensando en el dolor de los familiares que ven partir a sus seres queridos como cuando zarpa un barco, los pañuelos no son suficientes para despedirse, para comunicarse, están ahí como una fotografía, y nosotros somos otra fotografía en sepia, envejecimos antes, mucho antes, hay algo injusto, ellos que tanto nos quieren nos provocan dolor.
Yo escribí este libro porque lo tenía adentro de mi, recuerdo que salió muy rápido, algo así como una fuga, mas demoré en su corrección y en su versión en francés, así como nació, velozmente lo perdí, es un hijo adelantado, ha querido volar antes que tenga alas, todo lo subliminal fue descubierto de inmediato, será que ya no tengo edad para jugar a las escondidas, o será que la poesía no es superada, es otra parte del cuerpo humano, que es alimentada igual que otro órgano del cuerpo, si el corazón no bombea sangre muere, la poesía es eso —es vida—.
Quien quiera tenerla la puede tener, solo debe esperarla debajo de una copa de un árbol, o en el desierto cuando el sol nos recuerda que la vida necesita del calor, tenemos que abrirnos a la belleza de la palabra, sin tanto pensar en el contenido, los ”juglares”, caminaban más distancias de las se pueda contar, siempre con la sonrisa, hoy es lo mismo a pesar de la adversidad nadie nos quita el derecho a ser feliz y a luchar por eso, ¡viva la poesía!.
Este libro está escrito en francés, porque para mi, es mi segunda lengua, que a veces es la primera, yo empecé a hablar francés a los 16 años, la primera vez que tuve que hablar de amor fue en francés, y los primeros besos fueron en francés, muchas cosas las hice en francés primero…..como exponer una idea propia y defenderla, los primeros libros que compré fueron en francés. Cuando uno tiene 16 años, todo es fundamental, tengo recuerdos hermosos, de la ciudad de Paris. En esa ciudad conocí a mis amigos a Françoise, Michel, a Gilles, en esa ciudad nos juntábamos a discutir el periódico, en esa ciudad me hice un dependiente de la bibliotecas, de las librerías, del café negro sin azúcar, de los cigarrillos negros, del calvados, del pastis, de las crêpes, de las castañas tostadas. En Francia me formé culturalmente, es por eso que este poemario está en francés, porque yo llevo dos timbres, como el amor, siempre es de a dos. Como la mirada que reciben a la otra. En Paris aprendí a querer los libros, como quien quiere a los hijos, ahí conocí muchas librerías, me recuerdo de una, Maspero, de propiedad de un viejo editor y librero, estaba ubicada en las calles del barrio latino. Como todos los jóvenes yo tampoco tenía dinero para gastar, pero la recorría miraba los volúmenes los ojeaba, leía la solapa y pensaba que algún día yo también escribiría un libro, eso puede ser el inicio del escritor, ya saben… quien va mucho a las librería tiene ya destino. Yo anotaba los nombres de los textos e iba a las bibliotecas, las municipales, las que estaban en las universidades, costumbre que conservo hasta el día de hoy, este libro lo escribí en esta biblioteca, es por eso que elegimos presentarlo aquí, en la Biblioteca de Santiago. Un poeta, no es solo quien escribe versos -aunque sean significativos- es una forma de vida, vive en un mundo propio, con lenguaje propio, con colores propios, con sabores propios, con dolores propios, es una desconexión de lo material, pero a su vez conectado a tierra, está lleno de tierra, está enterrado, algo así como cuando cae un meteorito. ¿Por qué hago estas reflexiones? Las hago pues estoy seguro que en esta sala debe haber alguien que se debe estar preguntando si toma este camino o si … “le entra a la poesía” como dicen los mexicanos, yo le digo “ pues horaleee”.
He explicado porqué escribí el libro, ahora, explicaré porqué está dedicado a los familiares de los enfermos de Alzheimer. Mi madre padeció de una enfermedad irreversible, de una enfermedad producida por la falta de justicia, por la pérdida de sus hijos, su primer diagnostico fue Alzheimer. La corporación me acogió, y me hizo más llevadero el dolor de ver irse a un ser querido. Es por eso que he dedicado este libro a los familiares de los enfermos, como una muestra de agradecimiento por el apoyo y cariño recibido.

El silencio, el silencio que tanto quise hoy me abraza y lo detesto, estas palabras son de un poema que escribí cuando sentí el silencio lleno de cuchillos, quién iba a pensar que 27 años después iba a sentir lo mismo, ese silencio que sale estridente de los labios de los enfermos yo lo escuché, la mirada parecida a un desvarío. Quién? Quién? Quién sabe si será parecido a la nada, pero son nuestros familiares, hay que apoyarlos, quererlos. Yo lo he hecho con este poemario, yo me he despedido como lo hace un poeta, con versos, con el lenguaje.

Si, el lenguaje, es la herramienta que nos sirve para luchar contra la ignorancia y así luchar contra la pobreza. Nuestro país tiene condiciones especiales para que la lectura sea expedita no como en otros países, donde existen más de 20 lenguas oficiales, donde la edición de libros se convierte en un problema de verdad, aquí tenemos la misma lengua y otras que se están muriendo, la misma lengua en todo el continente. La edición de un libro no supera los 100 ejemplares, una gran edición no supera los 300, no puede ser que existan tirajes tan limitados, hay algo estructural en el trabajo editorial. Muchas veces somos los mismos escritores y poetas que debemos financiar nuestras ediciones, pues no hay acogida en las editoriales. Este libro recorrió varias editoriales y no hubo repuestas honestas, la propia asistencia a este lanzamiento comprueba lo equivocados que estaban. Pero esto no es un problema nacional ni de este siglo, la gran obra maestra “La búsqueda del tiempo perdido” de Marcel Proust fue rechazada por una importante editorial. Mi amigo F. Vejar ha dicho que la poesía es “una lucha perpetua con el lugar común”, yo quisiera agregar, también es la lucha perpetua contra la mediocridad. Así lo han entendido, los grandes hombres y mujeres en la historia del pensamiento humano, grandes obras del patrimonio de la humanidad no las conoceríamos si los poetas se hubiesen quedado con la primera palabra.
Hemos escuchado el poema “las tardes” escrito en prosa, en ese poema describo partes del barrio parisino que me acogió, es un barrio lleno de historia y de pasado, detrás del relato está la calle Mouffetard, la rue Mouffetard, es como una culebra, larga muy larga, tiene adoquines en sus pies, empieza en la avenida Les Gobelins, y termina cerca muy cerca del boulevard de Saint Germain des Près, la rue Mouffetard comienza con un mercado de abastos, de verduras y frutas, sigue con teatros y cines y termina con restaurantes, de todos los países como las naciones unidas. El poema habla del Jardin de Plantes, a través de él se llega a la estación de trenes de Austerlitz, es un paseo hermoso… se los recomiendo, ahí se encuentra un puente del mismo nombre, que conecta con el otro lado de Paris cerca muy cerca de la Bastille, es otro mundo, más popular, pero Paris tiene eso, a pesar de las diferencias, tiene nexos para abordar. En esa estación de trenes, salían a diario, durante la ocupación nazi a Paris, los trenes al campo de concentración y de exterminio, madres judías con sus hijos, directamente a la cámara de gases, pero a pesar del horror Paris no olvida su pasado. Si nos acordamos de la novela Los miserables de Víctor Hugo, sabremos que por ahí también pasó Jean Valjean, junto a Cossete su hija adoptiva, que buscaba donde protegerla, pagó un impuesto en ese mismo puente, también lo hizo el policía que los buscaba. También la literatura recoge el pasado de un país y no olvida.
Yo quisiera terminar estas palabras, con los últimos versos de ese poema, no sin antes agradecerles de todo corazón su gentileza de haber asistido a este encuentro de poesía y ciencia. Me despido con estos últimos versos:
“Las tardes para mi son la espera bermeja, las tardes para mi son tus ojos que esperan la mirada para esquivarla, las tardes, para mi son los deseos de que sean felices.”
Muchas gracias.
Jorge J. Flores Durán
En la Biblioteca de Santiago Chile 20 10 2007

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Reflexión sobre las demencias, la muerte, la memoria y el amor,
Dr. Archibaldo Donoso Sepúlveda
En el poemario de Jorge Flores hay más espacios que palabras. Este es un aspecto muy importante, porque su objetivo no es informar (como cuando leemos El Mercurio o un artículo científico), sino que inspirar. Sus breves palabras no están destinadas a que sepamos cómo percibe el mundo, sino que a provocar en los lectores un estado de ánimo, una disposición. Y lo logra plenamente, nos lleva a un estado de melancolía que se atempera con el afecto. Nos admira su valiente reconocimiento del Alzheimer, que tantos otros ocultan como vergonzoso.

La lectura de esta obra despierta asociaciones que seguramente son individuales, diferentes de un lector a otro. En mi caso, más allá de la belleza de las palabras, me lleva a reflexionar sobre las demencias, la muerte y la memoria; y el amor. Estas son realidades que he vivido durante años y años, muchas veces actuando más que reflexionando en ellas; por eso la lectura de estos poemas, que nos obliga a reflexionar, nos enriquece. Las demencias y la muerte parecen temas terribles, sombríos; pero son parte inevitable de nuestra vida, debemos aceptarlas como aceptamos el día y la noche.
Más de una vez me he preguntado ¿qué sentido tienen las demencias? (y más aún ¿tiene sentido pedir que tengan un sentido? Tal vez no, pero el hombre siempre ha tratado de encontrar un sentido a la naturaleza). Las demencias representan la pérdida de facultades importantes tales como la memoria, el juicio, el lenguaje. Muchas veces se acompañan de cambios en la afectividad, el paciente se hace pueril y egocéntrico, impaciente o depresivo, a veces apático. Sin embargo los afectos básicos se conservan y recuerdo que cuando atendía a mi suegro, en cama y sin lenguaje por la enfermedad de Alzheimer, sentía que existía entre nosotros una comunicación quizás más íntima que en los años previos.
El desastre de la demencia nos hace humildes, vemos cómo personas activas, independientes y orgullosas se van reduciendo a una situación de humillante dependencia. A medida que envejezco, la siento más próxima y amenazante, y la temo tanto como a la muerte.
Sin embargo, también he visto el amor de la pareja o de los hijos del paciente. Este cariño neutraliza el dolor, permite devolver el afecto acumulado por años y años. Ese amor permite que la situación se humanice, la hace tolerable. Una encuesta reciente de la Alzheimer’s Disease International decía que los cuidadores se sentían angustiados y agotados, pero sentían satisfacción por tener la posibilidad de amar y atender a su enfermo, de retribuir el cariño de toda la vida anterior. Yo sentí esa satisfacción al cuidar a mi suegro.

Otras veces, sin embargo, hemos visto abandono y maltrato del paciente. En esos casos los determinantes han sido fundamentalmente dos: las malas relaciones previas, y las limitaciones económicas. Esto nos hace insistir en lo que otros dijeron hace años: para envejecer bien es necesario, por una parte, ser amables, ganarse el cariño que los que nos rodean; y por otra parte debemos ser previsores.
No siempre se logra seguir estos consejos, pero queda una esperanza: hemos visto en el Hogar de Cristo (y supongo que lo mismo se da en otras instituciones similares) cómo esos viejos abandonados son atendidos con cuidado y afecto. El personal que los atiene trabaja motivado –no siempre, pero sí la mayoría de las veces- por la posibilidad de amar y cuidar a personas indefensas. Si no contamos con otros recursos, siempre queda la esperanza de ser acogidos de esa manera.
¿Podrían las demencias tener alguna utilidad? He llegado a pensar que sí. Cuando existe una demencia, salvo cuadros depresivos o psicóticos que pueden tratarse con fármacos, el paciente no sufre, o al menos no sufriría más que un recién nacido, que llora un momento si está mojado y luego ríe. Los que sufren son sus familiares, pero el paciente no se angustia por los problemas económicos, los compromisos sociales ni el futuro.
Hace años leí –y no pude terminar de leer- “La Vejez” de Simone de Beauvoir, que permite imaginarse a un viejo que mira hacia delante y ve sólo mayor decrepitud, dolor e invalidez, soledad, y luego la muerte. En estos casos, salvo que uno tenga una fe en una vida después de la muerte ¿no es mejor la demencia, que nos ahorra la angustia de imaginarse el futuro? Esta podría ser la bondad de la demencia. Ya que estamos condenados a siempre perder, al final, la posibilidad de no darnos cuenta de ese destino implacable, de lo inevitable de la postración y la muerte, constituye un alivio.
Con este panorama, la muerte no es terrible. Generalmente se piensa en ella con rechazo, decimos “no quiero morir, no quiero que mi mujer muera”. Sin embargo, cuando alguien está postrado, semi inconsciente, a veces con dolor, con el cuerpo invadido por catéteres y sueros, en el ambiente extraño de una UTI, y las enfermedades no son reversibles, la muerte es la única salida piadosa para una situación sin salida.
Como médico, he visto morir muchas personas. Generalmente la muerte es un alivio, alivio para el paciente y su familia, incluso para el médico que se debate entre la obligación de seguir tratando y el dolor de saber que ese tratamiento, a la larga, es inútil. Hay ocasiones en que se trata de una persona joven y vale la pena luchar, se puede esperar una recuperación y vuelta a una vida independiente. Pero en muchas ocasiones el enfermo es un anciano, que de sobrevivir queda condenado a la postración y la dependencia. Por eso creo que los médicos debemos luchar contra la enfermedad, pero si ésta nos derrota debemos aceptar la muerte como parte de la vida.
Mi suegro llevaba un año en cama; yo le daba desayuno en la mañana y en la noche ayudaba a limpiarlo. Cuando tuvo una neumonía, no lo tratamos, cayó en inconsciencia total y falleció antes de 24 horas, sin sufrir. Mi mujer y yo nos sentimos tranquilos.
¿Qué queda después de la muerte? La memoria, el recuerdo de los años vividos junto a esa persona, de las alegrías y tristezas que compartimos o que nos distanciaron. Estas memorias perduran por años y años; los detalles se van borrando, pero el recuerdo de los afectos y actitudes persiste. A veces la memoria perdura más allá de nosotros, los sobrevivientes, cuando se escribe un libro como ha hecho Jorge.
Muchas gracias.
Archibaldo Donoso Sepúlveda.
Santiago, Octubre de 2007.

♦♦♦


Jorge Flores y los laberintos de la memoria
Por Francisco Véjar
Si optamos por lo genuino, debemos leer Si no recuerdas, lo haré por ti (Septiembre, 2007) de Jorge Flores Durán. Más allá de toda la contingencia política que trasunta el libro, está la poesía. Y ahora que algunos le rinden culto al feísmo, propio de nuestra idiosincrasia, Flores se dirige a su madre, quien padecía de una enfermedad irreversible. Pero lo que importa en esta obra es la memoria. Por lo mismo, el texto que abre el libro, dice:
Si no recuerdas,
lo haré por ti,
eres profesora, tu primera clase fue a los 18 años
las últimas son cuando te vengo a visitar,
trabajaste siempre con gente modesta,
me decías, ellos son los que más necesitan.
Las palabras son de uso interno del autor, se siente la respiración del poema como un milagro de humildad. Se escribe hacia otro, en este caso, se trata de su madre y a ratos aparece el tono elegiaco. He aquí un ejemplo:
La luz desaparece de la pieza, como si alguien la robara.
Me quedaría a tu lado como el infante que fui
Acurrucado como lo hacen los álamos en las noches frías.
En el segundo poema del libro el autor asume la enfermedad de su progenitora, no sin resignarse al garrotazo feroz que es el Alzheimer y nos atreveríamos a decir que la pérdida de dos de sus hijos precipitaron su olvido y muerte. Sin embargo, volvamos a la materia poética. Jorge Flores, escribe en la página 27:
Leí en un libro que luego no podrás recordar.
Te he estado contando varias anécdotas de mi niñez,
tantas travesuras …. me río para que tú me imites, fracaso.
Luego el poeta se rebela “contra la agonía de la luz” (Dylan Thomas dixit) y la provoca para traerla de vuelta a este presente que también padece de Alzheimer. Pregúntenle a cualquier ciudadano común y corriente por sus raíces. Por supuesto, no sabe ni dónde está parado. Sin embargo, todos los mensajes de la publicidad televisiva lo determinan. Entonces, el pasado ni el arraigo ya no existen. ¿Estará el país en vías de extinción, o sencillamente, lo que llamamos país no es más que un montón de escombros? Un “2007”, homologando a George Orwel. Por eso se hace necesario leer este opúsculo. Pensemos que no sólo se remite a su madre, sino al Chile desmemoriado, leemos:
¿Te acuerdas que perdiste a tus hijos?
siento que hay algo que te molesta, algo que te aflige
el dolor no se olvida, dice ese mismo libro (...)
Algún lector avezado podría decir: “es un lugar común”. La poesía –valga la redundancia- es una lucha perpetua con el lugar común. Basta leer a los poetas griegos o latinos para darse cuenta que todo está escrito. Pero “como nadie está dispuesto a oír, es necesario empezar de nuevo” (André Gide dixit). En definitiva es un libro fresco y vegetal y eso se agradece. El poeta no imposta la voz, solamente es. Él la hace recordar y le dice:
No recordar ¿es no sentir? Me pregunto.
La primavera comienza el 21 de septiembre,
se nota por el perfume de las flores,
también empieza el 21 de marzo, en París
nos visitaste, estabas alegre como una mañana (…).
El libro termina despidiéndose y anota:
Te amo Madre…
Eso tú lo sabes aunque lo hayas olvidado.
Diremos de manera innecesaria que el Jorge Flores Durán nació en Santiago de Chile, el año 1958. A los 16 años se radica en París, Francia, tras ser detenido y torturado en Londres 38. Allí empezó a cultivar la poesía. En 2003 publicó un volumen testimonial con el mismo nombre y número de la calle donde fue vejado por agentes de seguridad del gobierno de Pinochet. Dicho libro lo llevó a España y Francia.
En fin, la obra que ahora presento al público lector es bilingüe, es decir, está también en francés. Vale la pena leerlo. Es como el viento fresco de esta primavera y está dedicado a los enfermos de Alzheimer, mal del cual murió su madre. Léanlo.
Francisco Véjar
Octubre 2007

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Poemas leídos en el lanzamiento:
Deux
Je m’appelle Jacques
je suis ton fils,
né prés d’une plage,
ce n’etait pas ton premier accouchement.


Dos
Me llamo Jacques
soy tu hijo,
nací cerca de una playa,
ya sabías de partos,
el mío fue el último
me besaste,
dormí sobre tu pecho
luego del llanto
como lo hacen las flores
cuando el viento las asusta.

Las tardes
Las tardes, para mi son frías de luz tenue, las tardes para mi son como las del barrio de Censier, las tardes para mi son como la reclusión, igual como se guarda la tarde en el Jardín de Plantas, suave se acurruca cerca del río a esperar el tren, Las tardes, para mi, son cuadros que se guardan en los museos con candados de bronce, entonces perdida estará su llave y oxidada, las tardes, para mi son la despedida del día domingo a las cinco de la tarde, y recoges el diario ajado, nada queda por hacer, salvo mirar a la nada, las tardes, para mi son mi ombligo, son un pestañar solitario y lento, las tardes, para mi son las personas que conozco como un regalo atrasado, un regalo con disculpas, un regalo tímido, un regalo sin cinta, sin rosa, un regalo escondido en una hoja de papel Kraft, las tardes, para mi son tomar un café en una mesita de cubierta mármol frente a una ventana, las tardes, para mi son la espera bermeja, las tardes, para mi son tus ojos que esperan la mirada para esquivarla, las tardes, para mi son los deseos de que seas feliz.



Amanece
Amanece la noche cerca del mar, asoma sus ojos para ver el anhelo, para ver sobre los pinos, y dejar atrás los bosques, pero yo duermo lejos del mar, duermo como un enojo, yo duermo lejos del mar. Grande tiene el mar su corazón para cubrir la noche, y así destapar el día. Las aves vuelan cruzando la noche, velozmente llegan a mi ventana, para decirme que los barcos han zarpado. No quedan anclas en la bahía, la arena perdió sus marcas, todos se fueron a dormir, todo enmudeció. Así… yo vi la mañana cuando muchos soñaban y otros indiferentes… callan, así… yo vi el mar cuando desperté en la ciudad de Concepción.

La casa de Londres 38
Entonces las campanas de la iglesia vecina
no tocarán mas la melodía del sufrimiento…
tocarán entonces la música de la plata y del cuarzo,
y en cada vaivén dirá los nombres,
los apellidos, las edades, de quienes desaparecieron,
de quienes sufrieron las tribulaciones…
entonces, ese inmenso dolor tendrá un monumento.


Yo no te pido que me quieras.

Yo no te pido que me quieras
Tampoco que me recuerdes.
Sabes Amigo, yo quiero regresar
y no puedo
Tenía tu edad a lo mejor, más joven
cuando una mano me sacó
¡Yo quiero regresar y no puedo!
Aun tengo los ojos vendados,
amarrado a una silla me quedé.
Es mucho el dolor que causo
a la familia con esta ausencia

Sabes Amigo, yo quiero regresar
y no puedo
¿Tú sabes qué me pasó?.
(bis).

Poema dedicado al detenido desaparecido chileno francés Alfonso Chanfreau


Cinco
Si no recuerdas,
lo haré por ti,
eres profesora, tu primera clase fue a los 18 años
las últimas son cuando te vengo a visitar,
trabajaste siempre con gente modesta,
me decías, ellos son los que mas lo necesitan …los pobres
por qué… te pregunté, para que se puedan defender, me respondiste.
La luz desaparece de la pieza, como si alguien la robara,

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