Triste es la tristeza, que las lágrimas huyen de ella.




Deseo en estas palabras agradecer, todo el cariño, amor y amistad entregado por el fallecimiento de mi madre Lucía Durán Adaros. Agradezco de todo corazón las hermosas palabras que fueron escuchadas por mis oídos, ya que los ojos buscaban la mejor imagen de Lucía. Agradezco los cariños que recibieron mis mejillas, mis manos, mis hombros, agradezco los abrazos de recogimiento, de pesar, también los de valor, los de entereza, agradezco las miradas silenciosas, las miradas tímidas, también las que no se atrevían a mirar, agradezco el silencio y el canto. Agradezco los besos tiernos y los furiosos, agradezco a la luz y la noche, agradezco a las maderas, y las flores. Me excuso por mis lágrimas y de las de mi familia, agradezco a las horas, a los minutos, a los segundos que cuidaron el féretro, agradezco también los rezos y las plegarias, agradezco a la bandera, que mi madre profesora izó tantos días lunes en tantas escuelas de Chile, agradezco la entereza de mi padre que no decayó frente al dolor… no se por cuanto tiempo más. Les agradezco a los que en la distancia escribieron hermosas palabras como las aves que las traen aún, les agradezco a los ausentes, y me disculpo a los que no pudimos avisarles.
Jamás olvidaré lo recibido.

Triste es la tristeza, que las lágrimas huyen de ella.

Lunes 23 de abril de 2007

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Charles Baudelaire … la carta suicida

Toni Morrison

Aleucse, o escuela al revés