Entradas

Recuerdo y no recuerdo LXXVII

Ella
Debes aprender de ti mismo, no es una invitación al pasado, si no escuchas ruegos o consejos ¿Quién te hará entrar en razón?
Si el amor no lo puede todo, tampoco las palabras lo podrán, por más extenso sea el universo, un día alguien conocerá su límite.
Yo te conozco, pensé conocerte, predecirte, y de un momento a otro un puente se cortó,
desde una orilla hemos estado comunicándonos, con más señas que con certidumbres, con más comprensión que soluciones.
Siento en mi alma y con un gran dolor, que me acerco al límite,
nunca pensé que llegaríamos a esto.
Deseo pedirte que me ayudes a dejarte, y cada vez que me aleje, vayas cerrando las puertas y no permitas mi regreso,
ayuda a mi corazón a detener el sangramiento, ayúdame a no odiarte,
dame la libertad sin remordimiento,
y no te tientes a herirme con las exigencias de lo dicho y prometido,
regálame tu silencio, el regalo de la despedida, aunque por ello obtenga tu desprecio.
Continuará…
Jorge J. Flores Durán

Recuerdo y no recuerdo LXXVI

El
Efímera silla, que recibes mis huesos, y me permites elucubrar, lo que muchos llamarán demencia,
silla, me das la posibilidad, de descifrar el manto de hilos de acero, que nos aplasta, quitándonos, la voz y el aliento.
El dolor es egoísta, solo te deja ver el tuyo, impide ver el dolor de los otros, no reconoce el sufrimiento en los demás.
Pensar que todo lo malo, o lo bueno, será siempre para nosotros,
es creer que estamos en la testa de lo hermoso, siempre.
Fatiga ser coherente, ordenar las palabras, dirigirlas en el sentido esperado,
cansa también, cuando se resisten y quedan reunidas, mirándose unas a las otras, sin saber que melodía acompañar.
Pienso en ti, sobre éste derrame de aciertos y aberraciones, reconforta saber que todos mis sentimientos, los conoces,
el amor es hermoso, pero no lo puede todo, se necesita un conector entre lo posible y la hermosura.
Dame, la misma oportunidad que tiene el sediento, que sus labios son humedecidos, antes del desmayo.
Continuará…
Jorge J…

Recuerdo y no recuerdo LXXV

Ella
Si sigues escribiendo tantos versos, un día se van a terminar, y al necesitarlos, no los tendrás más,
qué sucederá cuando tengas frío, la lapicera te dirá: “no hay más tinta, usted la terminó anticipadamente, ¡Ya no puede escribir!”  ¿qué dirás?
Ser generoso, no significa dar siempre todo a los demás, ser dadivoso, es tener siempre algo para compartir,
Las palabras, primero son del emisor y luego al aire, libres, en un vuelo rasante sobre la ciudad, y en cada cabeza, una letra caerá,
luego al saludarse los ciudadanos intercambiarán, silabas y consonantes,
y en cada calle una nueva palabra nacerá.
He querido hablarte, como una bola de billar, desde una esquina para llegar a otra,
he querido hablarte, desde un museo, donde apenas se pisa el suelo, para no provocar ruido, y se conversa en silencio con los cuadros y esmeraldas,
con la ingenua intención, que lo que cuelga, escuchará y comprenderá.
Te pido, nuevamente, que dejes ese mundo inmóvil, el mundo de las disculpas,
atraviesa …

Recuerdo y no recuerdo LXXIV

ElAlgo vendrá, después de algo, algo vendrá, palabras pronunciadas por un adalid, a los cencerros que descienden de la colina.Y el hombre continuó con su canto, porque sabía del olvido y los fugaz del entendimiento,y los que escuchaban rompieron despavoridos, evitando así ser castigados,porque asintieron comprender y no entendieron los léxicos.Y el hombre continuó con su canto, (ahora entristecido), porque supo del plomo en las palabras, para quienes no han visto el cielo, desde su nacimiento.Ya era tarde para remediar, hasta los nombres de las calles se habían dormido.Yo me siento solo como ese pregonero, porque la sabiduría no hace parte de la materia, un día el cuerpo o la mente se van a separar, y yo podré abrazarte, o podré reconocerte y no tocarte.Y el hombre continuó con su canto, sentado y mirando la planicie,murmurando decía: ellos tendrán que volver. El sueño no espera, y se durmió para siempre, y no pudo escuchar sus romanzas que se replicaban por doquier. Y el hombre conti…

Recuerdo y no recuerdo LXXIII

Ella
Confesarse; es con tu alma, sin sacramentos ambulando por las naves, o por las capillas,
confesarse; sin recibir penitencias, u otros menesteres adyacentes,
o lindantes golpes al pecho, producto de una retórica aprendida,
y luego enseñada, a débiles almas que buscaban el agua, para llevarla a sus bocas.
¡Habla amor mío!, que las insensatas palabras de hoy, serán los versos más, más hermosos de mañana,
si no tuviste la libertad en lo racional, la tendrás en el sinsentido.
No tengas tristeza, o vergüenza, en decir que sientes miedo,
yo me vestiré de blanco para sanarte y no de negro para cerrar tus ojos.
Entiéndeme. No es que no tenga, es que no me alcanza,
para transitar de lo cotidiano a lo excepcional, te necesito a ti, y todos los días.
Continuará…
Jorge J. Flores Durán

Recuerdo y no recuerdo LXXII

El
Confesiones. Entre la memoria de la carne y la del corazón, no tengo otra elección que tus ojos.
Una mujer hermosa me abrazo una noche, disimulando que era una casualidad, y me estremecí por conocer la infidelidad.
Todo lo malo desaparece, solo queda el recuerdo escondido en el amanecer,
al castigador le interesa que quede todo en tu piel.
No hay razón alguna para sentir culpa, todo se lo lleva el tiempo, hasta nuestros cuerpos.
He amado con la misma profundidad de la tierra, y lo he olvidado todo, sí de amor se nutren los hombres, hoy también de olvido.
Besar los mismos labios por largos años y de súbito besar otros y otros, no es más que una experiencia humana.
Negar lo anterior es construir la vida sobre una nube, a pesar de lo hermoso de la metáfora, las nubes lloran y desaparecen.
Me he confesado, sin sentir dolor en mis rodillas, ni agitado el corazón, sin sudor en las manos, con los ojos abierto.
De tantos esfuerzos por recordar, ya no hablo de lo que creo no olvidar,
está a…

Recuerdo y no recuerdo LXXI

Ella
Cómo puedes hablar de tristeza, si ni siquiera, la tristeza te entristece.
Hay cosas de las cuales, no se puede hablar, y punto.
No se trata de falta de conocimiento, sino, de la discreción de los sentidos,
conocer las palabras, no autoriza a esparcirlas inesperadamente;
ellas, las palabras, son lápices en un estuche, se van sacando, a medida que las aprecies,
luego, se guardan y se saca otra de otro color, así se forman las frases,
y el escribano sonríe, a lo largo del papel, los lectores sonríen, en el suspiro y en la exhalación.
El amor y el odio, están en cada lado de una puerta, ambas pueden aplastar,
dependiendo del lado, que vas a entrar o salir.
Hay cosas de las cuales un hombre debe saber, y si no lo sabe, puede perder lo que ama.
Continuará…
Jorge J. Flores Durán